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viernes, 24 de julio de 2009

sábado, 4 de julio de 2009

Vargas Vargas Vargas Vargas

VARGAS, VARGAS, VARGAS, VARGAS


Conocí a Carlos en el monte cuando peleamos por la causa ,y cuando no entendimos más la causa nos escapamos y me puse a viajar y perdí a Carlos de vista.
Cuando Carlos anunció que se casaba con Maria Helena, sus padres se opusieron enérgicamente. Los amigos también le aconsejaron no casarse. Pero Carlos es muy terco y se caso en secreto.
Yo estaba sorprendido de recibir una postal invitándome para su matrimonio. Nunca me había hablado de novias, más bien de sus ideales de ser un gran líder para la liberación de la patria. También me extrañé que fuera la única persona que acompañaba a Carlos y Maria Helena en su matrimonio y con gusto acepté el compromiso de ser padrino cuando llegó el primer hijo, porque Carlos siempre me ha caído bien.
Solamente más tarde supe porqué los padres y los amigos estaban contra este matrimonio. No era porque Maria Helena fuera mala mujer, no, todo lo contrario. Es que los apellidos de Carlos son Vargas Vargas y lo de Maria Helena también Vargas Vargas.

Pronto el resultado del matrimonio no se dejó esperar y el primer hijo de la pareja fue una niña hermosa, pero discapacitada. Como Carlos quería un varón como heredero de su patrimonio, un galpón de gallinas, él y Maria Helena siguieron haciendo hijas, y todas llegaron discapacitadas.

Por mi trabajo y viajes debo confesar que nunca he visto mi ahijada. Sabía que era una niña por la postal que Carlos me mando.
Un día decidí visitar a Carlos y su familia. Sentí mi responsabilidad como padrino de su primera hija. El avión me llevó sobre Colombia y un taxi me trasladó del aeropuerto hacia el terminal de buses. Comenzamos al lado del mar sobre una carretera bien pavimentada, pero una vez entrando en la montañas, el asfalto término y quedamos basculando y comiendo polvo dentro un calor sofocante. El bus terminó su viaje en un pequeño pueblo de pocas casas. Después tenía que caminar unas horas, siguiendo un camino tortuoso en una densa vegetación tropical donde ninguna brisa refrescaba. Pase sobre una hamaca (puente colgando) tendida sobre un río espumoso y trepé un sendero vertical hasta que llegue exhausto a un rancho situado sobre una planicie con una vista hermosa sobre las montañas. Allí Carlos me recibió con los brazos abiertos y Maria Helena con una limonada natural y fresca.

Para Maria Helena, Carlos es su héroe y todo lo que él pudiera pedir, ella lo haría. No es que Carlos pido mucho, lo único que él quiere es un hijo para su galpón con pollos.
Maria Helena me regalo una sonrisa y dijo: “discúlpeme, tengo que ver a mis hijas” y ella desapareció. Un olor de gallinas y material fecal combinado con orina flotaba sobre la brisa contrastando con la vista sobre las montañas con sus árboles, el susurro de una quebrada cerca, las flores que abordaban el jardín y las orquídeas colgadas al techo.
“ven ven, cuando recuperes tu aliento te muestro mi galpón” y una alegría iluminaba la cara de Carlos como lo recuerdo cuando en el monte hablaba de sus ideales y el futuro de su país, una vez la lucha ganada y todo la población viviendo feliz.

Dimos la vuelta a la casa y atrás encerrados por una malla alta nos encontramos cara a cara con una multitud de pollos enormes de color marrón. Cuando ellos veían a Carlos llegaban corriendo, pisándose unos a los otros, gritando a todo volumen.
“¡No son bellos!, ¡y me quieren!, ¡no es fantástico!” Aclamó Carlos. "¿Tú sabes cuánto es su precio en el mercado, lo sabes? Aquí hay una fortuna, con esto se arreglan todos mis problemas." Me sentí sumergido en esta masa de animales gritando y empujando para estar más cerca a Carlos.
“¡Son muy bonitos, muy grandes, tú eres afortunado!” contesté.
“Si, así es, me costó trabajo, luchamos Maria Helena y yo, pero lo logramos”
“¿Cuando crees que vas al pueblo con ellos?
“No sé, es un poco difícil, tu entiendes, uno se encariña con ellos, pero creo que debe ser
pronto. Pero, camine te muestro la casa. La hicimos nosotros mismos, Maria Helena y yo”.
Me costó imaginarme Maria Helena mezclando cemento, levantando bloques, clavando puntillas y como si Carlos pudiera leer mis pensamientos dijo:
"Ella es fantástica, es capaz de todo, somos muy felices, es una mujer excepcional, he tenido
mucha suerte"
Atrás, pegado a la casa había otro galpón con paredes hasta la cintura. desde allí una malla hasa el techo de cinc con machas rojos de oxido. Más cerca se escuchaba gemidos y llantos y la voz suave y paciente de Maria Helena. Entramos y ví una hilera de ocho toldillos blancos cubriendo cama atrás cama dentro lo cual se distingue pequeños figuras, semi desnuda en varios estados de deformación.
Carlos me miraba con un pequeño sonrisa tímida aclamo: “mis hijas”.
Maria Helena saco su pelo de su cara, y con una sonrisa grande dijo:
“son adorables” y me miro en la cara como diciendo:
“no me muestras piedad, no me dices -que horror-. Son mis hijas, son nuestros, de Carlos y yo. Les queremos con todas nuestras almas."
Me acerque a la primera niña y le careció el pelo y le susurre, “hola cariño, estas bien?”
El olor de popo y orina me envuelvió como una niebla espeso y el sudor me brotaba por la espalda.
“son ocho” dijo Carlos, “todas niñas. Ahora estamos esperando un hijo“.
Maria Helena caminó entre las camas, acariciando las niñas.
”Este es Maria y este Consuela. Floralba es muy cariñosa y Helena, hay veces, necio, pero es que las quiero con todo mi alma. Angélica es muy frágil, se enferma mucha”.
En la cuna veo una sombra de una niña, flaquísima, ojos enormes que miraban y me llena con ganas de llorar sintiendo que la muerta está muy cerca. En la siguiente cama me espera una sonrisa con una felicidad que me dejaba sentir bienvenido.
“Es Elvia, siempre es así, es nuestra sol, no te parece?”
Apenas puedo asentir con la cabeza.
“Ana duerme mucho pero es bien sana”.
Unas piernas torcidas aparecen abajo de los pañales. En la próxima cama veo una cabeza enorme. Ella lo mece; izquierda a derecha, izquierda a derecha, sin parar.
“Y aquí esta nuestra gritona. Hola mi amor, ¿qué quieres ahora, solamente unas caricias, será todo?”
Maria Helena se inclina alzando la niña en sus brazos.
“Es la más grande, pesa mucho pero lástima que no puede caminar".

Carlos se ha quedado a la entrada. Atrás de él ve el galpón con sus gallinas que él no podrá vender con ganancia; por el camino, por la distancia y por la tristeza de verlos partir. Se escuchan sus gritos y el olor de gallina se mezcla con la orina de las niñas.

El amor de mi padre

EL AMOR DE MI PADRE

Él era un murciélago grande, la barriga calva y con la espalda peluda con pelo denso de color gris oscuro. Tenía las orejas finas y los ojos que brillaban. Pero lo que no tenía, eran los dientes. Y este ha sido el peso de la vida. Su tristeza que come sus entrañas, lo tragó su autoestima. Porque, como todos sabemos, los dientes de un murciélago son los signos de valor. La belleza y la valentía se miden por los dientes. Deben ser puntudos, bien afilados y blancos y él no tenía nada de eso. Cuando joven se accidento, y le rompieron los dientes. Y ahora no puede reír ni hablar, susurra con los labios cerrados y se pone el brazo en frente a la boca cuando se encuentra con sus amigos. Es obvio, que ninguna mujer que se respeta se metería con él, ¡qué vergüenza!. Hasta un día en que una murciélaga le miró a los ojos, le vio su ternura, y sus ganas de vivir, pero también detectó el mar de infelicidad. Y su alma se llenó de amor y ella no le miró la boca, ni siquiera preguntó porqué la escondía porque eso no le importaba, y fue ella quien le preguntó si él pudiera acompañarla. Y los dos volaron alrededor de la casa. A través de los árboles y encima del campo. Hablaron en tomo suave sobre la vida, las esperanzas y el futuro. El mostró donde se conseguía la mejor comida, los rincones lo más de bonito de la casa, y ella lo escuchaba maravillada de sus palabras, sus pensamientos y sus sentimientos. Un feliz día llegó el primer hijo. Qué guapo! Tenía todo lo que tenía que tener, el pelo denso de color gris carmelito oscuro sobre su espalda, la barriga desnuda y suave como tercio pelo. Las alas fuertes para volar grandes distancias y sí sí tenía todos los dientes. Una boca lleno de belleza, blancos, puntudos y tan afilados como para pinchar … Papá y mamá se llenaron de felicidad. Con orgullo llevaron a su hijo donde los amigos que le admiraban y, con orgullo sintieron la envidia de su hijo tan perfecto. En la casa, mamá no dejó de exclamar sobre los dientes del hijo. Y poco a poco el papá se sintió desplazado y comenzó a dar vueltas por la casa, pero solo, porque ella estaba con su hijo. Cuando el muchacho creció el papa lo llevó a sus vueltas. Lo enseñó a volar, cazar, todas estas cosas que pertenecen a la vida de los murciélagos. A veces mama los acompañaba y los tres se apoderaron de los aires y la casa: la imagen de una familia feliz. Un día papá invitó al joven a un paseo. Mamá tenía dolor de cabeza y se quedó en la casa. Los dos volaron encima del perro, pasando por los pájaros dormidos en los árboles, rozando sobre el agua de la quebrada, escuchando al búho que les saludo y el muchacho pensaba que no había cosa mejor en el mundo que volar con su papa. “Cuando uno es grande, uno debe ser fuerte. Uno debe resistir a las penas de la vida. Uno debe conquistar, “¿entiendes?” “Si papa”, contestaba el joven orgulloso que su papa le hablaba, que le daba consejos. “Tu debes tomar la vida en tus manos. No dejarte influenciar de nadie. Ser consciente que es tú vida, que tú eres el dueño.” “Si papa” “Tú que debes decidir, y solamente tú. Eso si es ser un hombre” “sí papa” “En muchas situaciones te van a hablar para mostrarte el camino. No lo aceptes, si no es tu decisión. Puede ser que recibes señales para tal o tal acción. Reflexiona primero y solamente después TÚ decides” “Si papa” La noche era oscura, no se podía ver nada, pero Papa volaba con seguridad y el joven al lado de él. “Papá, siento algo en frente de mi” “¿estas seguro, lo has pensado bien?” contesto Papa. “pues no papa, lo siento.” “Es ahora como puedes demostrar quién eres tú. Resiste tus impulsos” “Si papa” Silencio “Papa” “sí?” “Papa, siento que algo se está acercando rápido” “¿Oh si, y que vas a hacer?” “No sé papa, no quiero estar lejos de ti” “¿Es tu decisión hijo mío?” “Si papa, no quiero estar lejos de ti” “pues aguanta y muestra tu fuerza” El joven se estrello contra un poste y se rompió todos sus dientes. Una vez en la casa, mamá lloraba y lloraba y gritaba sobre la vergüenza de su familia en la cual ningún macho tenía dientes y qué, o qué iba pasar con ella. Papá la observaba y soñaba con los días en los cuales los dientes no eran importantes, solamente las ganas de vivir y el amor. Pero este amor se había apagado en su mujer y lo había dejado solo. El hijo se miraba en el espejo y sonreía, la boca bien a la vista con este horrible hueco. “!estoy tan feliz!” exclamaba “!ahora estoy tal como mi papa, un verdadero hombre!”.

mijnheer Jansen

MIJNHEER JANSEN





`Tja, we zoeken naar projecten. Dat is moeilijker dan U denkt. Ze moeten passen binnen ons beleid. Onze organisatie is zich bewust van zijn verantwoordelijkheid wat betreft het geld wat we van de Nederlandse donateurs ontvangen.’
Met de komst van mijn moeder kwamen ook haar relaties op bezoek.
Mijnheer Jansen ligt onderuit in onze enige gemakkelijke stoel. Hij reist de hele wereld rond, slaapt hier in het Hilton hotel en zoekt naar deugdelijke projecten waaraan hij het geld van de Nederlandse donateurs kan geven. Een slanke knappe man met golvend blond haar, grijzend aan de slapen in een licht groene broek met vlijmscherpe vouw. Een mooie kasjmier trui in de correcte kleurschaal.

In mijn verbeelding staat Oswaldo in de kamer, het kleine jongetje die een paar maanden bij ons heeft gelogeerd en voor wiens familie we geen steun konden vinden. Maar Oswaldo leeft niet meer, geplet als een ongewenste muskiet tussen twee auto's.
` U begrijpt, De Nederlander is heel genereus en we hebben geld dat we moeten gebruiken voor projecten. Maar het is verduiveld moeilijk om projecten te vinden.`
Hij zakt iets verder onderuit en nipt aan zijn sherry.
Plotseling duikt Oswaldo op in mijn hoofd, een klein ondervoed ziek jongetje dat mijn vrouw in de sloppenwijk op de helling boven ons appartement had gevonden. Grijsblauw mat haar en een dik buikje boven spillebeentjes. Met zijn vier jaar kon hij nog niet lopen. Zijn moeder woont in een hutje van opengesneden olievaten en karton in de sloppenwijk tussen naar verschaalde kattenpis ruikende eucalyptusbomen, gesausd in poepgeur en rottend eten. Op de bergrug bezaaid met kapot plastic speelgoed in alle kleuren, pannen met gaten, ondefinieerbare voorwerpen met hier en daar, gevangen binnen hekwerken van eucalyptusbalken, dikke, stinkende knorrende varkens. Soms was er een man en dan weer niet. Niet altijd dezelfde.
Voor Oswaldo en zijn familie ben ik de organisaties langs gegaan. Alle nationale en internationale organisaties die zich bezig houden met hulpbehoevende mensen. Maar het hutje, te dicht bij de grote stad of net te ver daar vandaan, viel overal buiten het beleid van de hulpinstanties. Alleen de paters schonken twee blikken melkpoeder en een zak bruine bonen. Een eenmalige gift.
Oswaldo heeft twee maanden bij ons gelogeerd tot zijn haar weer glansde en hij door de kamer naar me toe kon lopen om zich tegen me aan te vleien. Tot zijn moeder op bezoek kwam in een schone, vale bloemetjesjurk die om haar magere lichaam slobberde. Ze dronk keurig met ons aan tafel thee en schilderde haar leven met een monotone stem waarin een lange lijdende toon zweefde die zich bij teveel onrecht naar boven drong. Ze vertelde over onrust in het binnenland, zwervend van man naar man, van plaats naar plaats, over kinderen die komen en sterven. Ze kan niet lezen of schrijven, woont in haar eigen wereld waar het van geen belang is of de aarde plat of rond is. Waar sterren lichte puntjes zijn in zwarte nachten waarin verkracht en geslagen wordt. Waar ze niet de bus kan nemen omdat ze niet kan lezen waar hij heen gaat en ze te moe is om het steeds weer te vragen. Waar ze afhankelijk is van wat mensen haar vertellen en waarvan haar ervaring leert dat anderen liegen. Omdat zíj niet kan bevatten dat die anderen het ook niet weten. Omdat hun leven bestaat uit momentopnamen waaraan ze, zonder enige referentie uit onderwijs, boeken en kranten, de blauwe plekken van hun ziel aan toevoegen. De enigen die in hun wereld het wél zouden moeten weten zijn de priesters en de politici, die door hun levenswandel het tegendeel bewijzen en zo is zij, met al die anderen, achterdochtig, wantrouwend en argwanend en zal ze, om zichzelf te beschermen, zelden de waarheid spreken. Toch is ze zeker van zichzelf, omdat ze haar eigen ervaringen kent maar intens onzeker rondloopt in de wereld van de ander.
Een paar dagen later komt ze Oswaldo ophalen. De manier waarop ze binnenkomt is anders. Gesloten en bruusk. In haar excuses hoor ik de opruiende praatjes van haar buren: misbruiken van het kind, uitbuiting, zwarte magie; het verzet van de armen tegen de onbekende wereld van de rijken.
Als we haar maanden later op een zondagwandeling tussen de eucalyptusbomen tegenkomen vragen we naar Oswaldo. De jongen is bijna uit haar gedachten verdwenen, opgenomen in het leger van zwerfkinderen. Nog veel later horen we over zijn eind. Hij hing achter op een auto. Die remde en de achterliggende wagen klapte er tegenop. Oswaldo werd als een lastige, ongewenste muskiet doodgeplet.
We hebben niet om hem getreurd en ik weet niet waarom. Hij kwam, leefde even, ging weg. We hebben er wel bij stilgestaan, Odile en ik, discussiërend over begrippen zoals helpen, mededogen, Christendom en sentiment. Maar we hebben er niet eens ruzie over gemaakt.

Cuba 2008

CUBA MAYO 2008


Cuba es la revolución y la revolución es Fidel Castro y Fidel Castro vive en sus últimos años. Es el fin de una etapa histórica. Lenin y Mao ya no existen más. El comunismo en Rusia se cambio en capitalismo y lo de China tampoco es como los líderes de entonces soñaron. Pero Fidel todavía vive. Cuando él comenzó con su revolución, nosotros los jóvenes soñamos de la igualdad, oportunidad para todos y cuando comenzaron salir los datos sobre una educación libre y de alta calidad, de medicina avanzada, un cine extraordinario y una participación de todos para todos nos sentimos, jóvenes de Europa, que, al fin, llego la hora de una sociedad justa. Fue difícil más tarde de aceptar el régimen totalitario que, según sus voceros, era necesario para defender la libertad. Ahora en estos últimos momentos históricos, y con el valor del dólar muy bajo se nos presentó la oportunidad y queríamos formar parte, aunque muy, muy lejos, de este historia.
Entonces compramos una guía turística, llamamos a amigos y familiares y nos fuimos con un tiquete de tour -todo incluido- y con los consejos grabados en el oído: cuidado, allá ellos son muy pobres, puedes tener problemas por la falta de comida. Cuidado, allá no se cambian tarjetas de banco y tienen que llevar suficiente dinero. Cuidado, Cuba es una dictadura, no se puede hablar con la gente y menos criticar a Fidel y su régimen. No piensas que vas a comer bien, lo único que tienen es pollo frito. La ultima noche nos llama una amiga:” cuidado, no llevan dólares, te sales perdiendo, cambie todo en euros” y así, temprano, cargados con nuestras maletas cambiamos nuestros dólares en euros en la entrada del aeropuerto.
Antemano aceptando condiciones dignas de una reality, abordamos un avión moderno donde nos sirvieron un sándwich igual a los sándwiches de las otras aerolíneas internacionales. Descendemos en el aeropuerto moderno de La Habana donde nos esperan y nos llevan a un bus último moderno, aire condicionado, ventanas panorámicas en un diseño moderno. El bus pasa sobre una autopista amplia, muy bien entretenida bordada por campos verdes. La autopista cambie en una avenida lujosa, bordado de edificios clásicas.
Vamos al hotel Rivera donde nos hospedan y en nuestro libro guía leemos: hotel Rivera construido en 1957 por el mafioso estadounidense Meyer Lansky, amigo de Al Capone, con 354 habitaciones,… y no puedo resistir de reír; querer visitar la ultima vestigio de la revolución y dormir en un hotel de una época que dio la razón de ser de la misma revolución. En la gigantesco lobby nos observamos las obras de arte y tomamos una cuba libre con vista al mar.
Por la noche, sentada en el restaurante en el último piso, con músicos que nos toca con violines temas de mi juventud nos deleitamos con una atardecer y me siento en Miami beach, muy, muy lejos del Cuba que estamos buscando. Esta noche dormimos en una cama de un tamaño extraordinario sobre lo cual se construyó una obra de arte con las toallas: dos cisnos enamorados. El sueño nos sedujo en un estado de confusión.
En la mañana en el ascensor entra una niña en vestido de la revolución, pantalones negras anchas, chompa y moral, una boina con la estrella de Che. Ella lleva una rama de flores en la mano y regala uno a mi señora. Es el día de madre y ella acabo de atender una conferencia sobre la paz y juventud. Al fin algo de la revolución. Pero el desayuno rompe esta ilusión. En un sótano inmenso nos espera una cantidad de mesas cargadas de bandejas con una variedad de comida: panes, queso, carnes, huevos en todo tamaño y estilo, leche, yogurts cornflaques y el personal listo para ayudar. Los turistas de todas las naciones, en sus pantalones cortos, camisas de vacaciones contrasten con la elegancia y abundancia.
Un bus, igual de moderno y confortable, nos lleva por un tour de la ciudad Habana. De nuevo sobre avenidas anchas y limpias, pasando edificios clásicos, pocos carros. Es domingo pensábamos. Nuestro guía, todo un señor digno y intelectual, de cabello y bigotes blancos nos explica la historia de Cuba, datos que desliza mientras buscamos imágenes que corresponden a que buscamos. Sentimos que los otros turistas viven con la misma inquietud, con mucho cautela preguntan por la población, donde viven, que hacen, la política de hoy y ayer. El guía les contesta, y sigue con su cuento de la historia Cubana, los españoles, las guerras, las injusticias. Pasamos por el hotel nacional donde el bus se hace una vuelta en frente de la entrada, la plaza de la revolución, un enorme espacio con el monumento José Marti y vemos dentro nuestra fantasía la plaza llena de público y Fidel Castro con su cara delgada y su barba en sus interminables discursos.
En el centro, con sus esplendidos edificios recién pintados, parques verdes, terrazas y los turistas separados en grupos, cada uno con su guía, los caleces y por todas partes las bandas de música tocando los temas conocidos de Cuba. En un momento de desesperación pregunto al guía:” ¿pero donde viven los Cubanos, donde están?”. “Aquí”, contesta, “según las estadísticas, la población lo mas densa es aquí, en el centro de Habana”.
Pasamos por el hotel donde se hospedaba el escritor Hemmingway y el bar donde el se hizo famoso, no tanto por sus escrituras pero mas bien por sus borracheras. Cuando nos sentimos saturados por la historia nos despedimos del grupo y comenzamos nuestra búsqueda. Entramos en calles con niños jugando, carros viejos. De repente me daba cuenta que desde atrás de los muros se escucha un murmuro de una gran multitud, como atrás de las puertas y ventanas vivían miles de gentes. Y en mi libro lee que a las 6 de la tarde la gente salen de sus casas para hablar, jugar y disfrutar la frescura del fin del día. Vimos unas señoras de edad, bailando entre ellos en su sala, veíamos las entradas con patios vacios sin pintura, otros patios llena de matas y en las calles cerca del centro los restaurantes, elegantes, decorados de madera y cristales tal como en los viejos tiempos. Me despertaron recuerdos de la elegancia de Viena, capital de Austria, Cartagena de Indias en Colombia y otras capitales en el Trópico, pero aquí con alegría y en el mismo tiempo calmado, maduro, seguro de si mismo. Nos sorprendimos por la elegancia de los hombres con sus rasgos clásicos y elegantes española, especialmente ellos de edad avanzados. Dormimos una siesta breve sobre una banca en un parque abajo un techo de hojas de arboles, envuelta en el murmuro de los turistas, el canto de los músicos y vendedores de tarjetas y camisas de Che Guevara que parece ser más comercial que Fidel Castro.
El día siguiente es el día de peregrinaje personal a mi amigo Carl quien murió hace dos años.Carl era suiza y andariego, aventurero inquieto. En uno de sus aventuras en central América alguien enveneno su trago y cuando Carl se despertó el se encontró con mas jóvenes en un barco rumbo a Cuba para llenar las filas de tropas de Fidel Castro en el monte. Los nuevos amigos que no quisieron colaborar lo mataron y Carlos se quedo recibiendo un entrenamiento militar en la sierra.
Algunos días antes de la entrada triunfal de Fidel en Habana, Carl y un grupo de amigos fueron enviados a las muelles de Habana para quemar el azúcar que estaba almacenado en las bodegas, no solamente como acto de sabotaje contra el régimen corrupto de Batista pero también para desviar la atención al avance de Fidel y sus tropas.
Cuando ya lograron de poner fuego al azúcar llegaron los militares y comenzaron a matar los infiltrados. Para escapar las balas Carl y sus compañeros treparon encima del techo. Azúcar, una vez quemando es muy caliente y el techo pronto se convirtió en un horno. Los muchachos trataron de saltar al mar pero se desplomaron sobre el muelle. Los demás recibieron balas. Carl en un esfuerzo, según el dice, rompió cualquier record olímpico, logro saltar en el mar y consiguió refugio en un barco Ingles. Fuimos a buscar las bodegas en el muelle que ahora están vacio, ningún barco espera en la bahía y la crisis del bloqueo es aquí visible. Un obrero, con cigarro grueso cubano me sonríe y me dejo hacer una foto de el con en el fondo ruinas de una bodega y me preguntó si uno de ellos todavía lleva los rasgos de las balas y el fuego.La niña con su vestido de revolucionario en el ascensor y este muelle fueron las únicas elementos que nos dejaron acercarnos a lo que fuimos a buscar.
Ya es tiempo para comprar los regalitos pero antes cambiar nuestros euros. Los pocos pesos se fueron en el cuba libre y taxis. En nuestro libro puedo leer que hay dos economías. Lo del turista y el de los cubanos. El peso para los turistas se llama convertibles y el Cubano tiene su peso Cubano. En principio el cubano no debe tener pesos convertibles y el turista no debe pagar con pesos cubanos. Pero, según el libro, valdría la pena de cambiar algunos de nuestros convertibles en pesos Cubanos en bancos o sitios de cambio que se llama cadecas.
Había gente esperando, algunos sentados en una sofá cubierto de plástico verde, otras hablando entre ellos. A la señora en la entrada preguntamos si había una fila. Ella sonrió amablemente y digo:” Este señora allí es la ultima, antes de ella es este señor” y apunto a un señor sentado. Encontramos un fenómeno agradable de Cuba. Si hay filas pero no se siente la obligación. Todos se sitúan donde quieren y respetan quien es la ultimo.
Pensamos que 50 euros será suficiente pero la cajera nos miro gentilmente y digo:”Ustedes saben que están haciendo?”. No asustamos porque, como sabíamos, el peso cubano es para los cubanos y el convertible para los turistas. “Es mucho dinero, no serán capaces de gastarles” y ella nos devolvió algunos billetes y por el resto nos entrego una faja de grandes billetes de pesos Cubanos.
Ahora rico fuimos a buscar almacenes pero los supermercados para los cubanos no tenían mucho mercado. El más necesario como jabones, frijol etc. Nada para llevar a los amigos. En las plazas pequeñas los vendedores esperaban atrás unas frutas o legumbres y en la panadería atrás de la vendedora la estantería estaba vacía. Al lado de ella un montoncito de pancitos.
Preguntamos a un vendedor en la plaza y el nos conto que el era un profesor de la universidad. Hizo sus estudios en Moscu. Ahora esta pensionado y para no aburrirse, al igual de sus amigos alrededor, trabaja como vendedor. Pero, también, la pensión no es muy alta. Este nos confirmo la guía del bus que también era profesor de la universidad. Con los propinas de los turistas ganaba muchísimo más y pudiera tener sueños para comprar una nevera, un televisor, un carro, hasta viajar. Por la noche nos quedamos en frente del televisor, acostados sobre una cama sobre lo cual había cupo para 10 personas. Podemos escoger entre programas de Rusia, Venezuela, Cuba y todos los otros programas que se encuentra en TV por satélite.
Hay problemas en México, una señora cuenta llorando que sus hijos están muriendo de hambre y que le sacaron de su casa. Nos han confirmado que este no pasa en Cuba, puede ser que ganan muy poco pero la vivienda esta garantizada, aunque pequeño, una buena educación, salud y universidad para ellos que pueden. Es una vieja pregunta:”que es mejor, la libertad con la posibilidad de hambre e ignorancia e explotación”, o …
En Europa conocemos de cerca con Alemania Oriental, la caída del muro de Berlín,.. Puede ser que es esta pregunta nos hizo, entre otros, emprender este viaje. Pero la confusión no se ha extinguido.
El bus de lujo nos llevo el tercer día hacia las verdaderas vacaciones de ocio en la península de Varadero. En el camino nos sorprende la buena calidad de la carretera, los pocos automóviles y pocos trabajadores en el campo. De vez en cuando unas bodegas grandes y abandonados.
El superclub Paradiso-Puntarena es nuestro hotel. El interior del lobby de dos pisos de alto parece un bosque con sofás y sillas super confortables. Sentimos un poco perdidos en este espacio y encontramos niños jugando billard, ping pong y nos preguntamos lo que quiere decir “todo incluido”. Lo descubrimos poco a poco; no se paga nada. Se puede emborracharse sin un peso extra, los shows in la noche nos permiten entrar sin tiquete y el desayuno y comido se sirven en un gigantesco comedor acompañado por un conjunto de música. Los almuerzos lo tomamos en una cabaña cubierto de techo de paja al lado del mar. Por la noche descansamos del “no hacer nada” con un trago al lado de la piscina y jugamos ajedrez gigante y por la primera vez en mi vida estoy capaz de pasar la mayor parte del día en la playa con su arena blanca y el agua azul transparente en una tranquilidad absoluta con, de vez en cuando unos pescadores pasando, lanzando su tarraya.
Son pocos los turistas internacionales y la mayoría de los huéspedes son cubanos. Preguntamos al mesero de donde vienen y el nos cuenta que ellos son trabajadores en fabricas o en el campo que, por una productividad excelente o otros calidades les han regalado este estadía. Son amables, de buena riza y dispuesto de participar en cualquier actividad. Lo que llama la atención es la gran cantidad de comida que absorben.
La última noche charlamos con el mesero. Ellos saben cuando es la última noche y no se alejan de la mesa. La propina les espera y es su ingreso principal con lo cual alimenta su familia y le da el lujo de comprar algo más que lo de normal como todos los otros cubanos. El también es ex profesor de la universidad. También con un diploma de la Universidad de Moscú. El apunta, igual a el y el y el,..
La propina es una cosa rara en un tour donde todo esta incluido. Según el libro el mínimo lo que debe pagar es un peso convertible, que es 25 pesos cubanos. El sueldo pro medio por mes es 400 pesos cubanos. Una comida en los restaurantes para el cubano puede costar entre 1 y 3 pesos cubanos.
El libro dice que es la costumbre de pagar propinas y todo el mundo lo espera, con elegancia, nunca grosero o empujando. Y si no da, no importa, la sonrisa y gentileza esta siempre presente. ¿Pero cuando uno debe paga, por cualquier servicio, cualquier gesto de buena voluntad?
Estos dos mundos son complicados y confusos. Son tan separados que hace difícil entrar en los dos, aun imaginaria.
Nos acostamos temprano, porque a las 3AM debemos estar abajo, esperando el bus. Sentimos un gran respeto por los cubanos, basado sobre lo poco que hemos visto. Vale la pena de volver, con más tiempo, menos “tour”, más donde la gente. Puede ser más como un reality.
Vinimos de un país donde, entre el campesino y el obrero y la clase dirigente hay un mundo tan grande como entre los turistas y los locales aquí en cuba. La diferencia es que el campesino y el obrero lo sienten, lo manifiestan, con este sentido de desconfianza, de sentirse inferior. No es que los poderosos lo quieren así, posiblemente ni siquiera son conscientes. Pero aquí nos damos cuenta como es cuando este diferencia de clase se ha ecualizado, cuando sentimos este orgullo y seguridad de ser Cubano, no importa que trabajo ocupa.

jueves, 2 de julio de 2009

Escriba mijo, escriba

Escriba mijo, escriba

“Escriba mijo, escriba, es la única forma para ser alguien en la vida oyó. Escriba, porque yo no puedo, no puedo escribir ni leer, pero sí puedo contar”.
Su mano esta lista, apoyada encima del cuaderno ya viejo con las esquinas sucias y señaladas, tal como los otros cuadernos encima de la tabla colgada contra la pared, arriba de su cama.
”Tengo que comprar un nuevo cuaderno” pienso ella. “tengo que comprarlo cuando vayamos al pueblo para hacer mercado”
Ella observa el cráneo del muchacho, el pelo cortado a raso, la nuca delgada y fina.
“Es el último”, cavila, “el último de tantos que nacieron en esa casa, que tenían hijos y los dejaban aquí mientras buscaban la vida en otra parte. Todos se fueron tal como mi esposo Crissanto, en paz descanse su alma. Y aquí esta el último, el único de los tantos”.
Ella sienta el deseo de acariciarlo, de poner su mano encima de la cabeza, de sentir los casquillos de su pello corto, pero eso no se hace.
“Lo quiero mucho, es el último”.
El sol rojo lanza sus rayos a través de las hojas del plátano, a través de las orquídeas que mamá tiene colgadas al palo de mango. El sol y sus sombras son los únicos relojes que ellos tienen en su casa, junto con el canto de los pájaros y los gallos en la mañana, cuando el sol todavía duerme.
Él siente la presencia de su mamá a su lado, su fuerza y tranquilidad. Él tiene su mano lista para escribir, el cuaderno casi lleno.
“Deben ser las cuatro”, piensa, “cuando la sombra del plátano toca la casa. Casi son las cuatro; así es, no cabe duda”.
Él espera la voz de su mamá que cuenta su vida, tal como lo estaba haciendo estos últimos años, y el llenaba los cuadernos que estaban sobre la tabla que él mismo colgó. Allí, encima de su cama, para verlos, el fruto de su trabajo.
Los cuadernos guardan la vida de su mamá, de su familia, la muerte de su tío Gumercindo, macheteado en el monte, los terrores de las noches cuando los conservadores rodeaban la casa, los dioses y los diablos, las hechicerías de la vecina para robar el alma de Crissanto. Los pensamientos de su mamá, lo que es bueno y lo que es malo, todo sobre las páginas en la escritura del niño con su cráneo redondo y cuello fino. En los primeros cuadernos con letras gruesas, inseguras, caminando sobre la página, sin general que obedecer. Pero más tarde se hizo cada vez más fino, más regular, con puntos y comas, con espacios. Pequeñas pinturas que él hizo siguiendo la voz de su mamá, obedeciendo: “escribe mijo, escribe”.

La última vez que ella le dijo: “escriba mijo, escriba”, fue tarde en la tarde, un poco antes de Navidad, cuando las grandes hojas de plátano se agitaban al viento y los cardenales merendaban los restos del almuerzo. Fue un poco antes de Navidad de 1999.
“Escriba”, ella ha dicho, “escriba, que así sabrá mas que yo. Escriba, para que llegues lejos en la vida, escriba”.
Y ella comenzó su cuento:
“La semana pasada me fui con Doña Blanca a la cascada. Ustéd sabe, allá”, y ella indicaba con su mano hacia lejos.
Él lo imaginaba: el agua blanca, burbujeando y volando por encima de las rocas, como un cuchillo cortando la selva en dos. Un sendero tortuoso que lleva hacia la mitad de la cascada donde vagabundeaban tarros, papelitos, cáscaras de naranjas y plásticos. Allí una meseta la espera. Un poco de pasto, pequeñas flores rojas y púrpura, y una roca grande para sentarse.
La cascada les habla a quienes están sentados en la roca. A veces como una caricia, a veces con un trueno regañón. Voces que suenan desde el tiempo en que los Muiscas repetían aquí sus cantos sagrados y suplicaban a los dioses para que los guiaran y los protegieran. Son estos consejos los que buscan Mama y su amiga Doña Blanca cuando necesitan deshogarse ante la complejidad de la vida.

Las dos mujeres andan sobre el sendero, doña Blanca primero, delgada en su ropa amorfa de verde venenoso. Pelo negro y largo, adornando su cara Indígena. Las costuras de su falda aquí y allá están sueltas o mal reparadas con hilo blanco grueso. Y mamá, como una enorme flor azul en su vestida de color cielo despejado. Derecha como un palo, ancha, sobre piernas cortas y fuertes, caminando a su propio ritmo, en su propio tiempo, como el agua, los árboles y las rocas.
Las dos mujeres salieron del bosque y se sentaron, lado a lado sobre la roca y entraron en un mundo mágico lleno de espíritus buenos y malos. Todos unidos por un Dios todopoderoso e inaccesible.
Ellas creen incondicionalmente en las historias que cuentan sobre Él. Historias que tienen su cuna en el miedo o la inseguridad del narrador o porque el narrador necesita ser escuchado para obtener su derecho de existir.
Muchos cuentos son mezclas de segmentos de la Biblia con las leyendas de los antepasados. El contenido adaptado según las necesidades del narrador para volver otra verdad absoluta.

Doña Blanca rompió el silencio y aclamo.
“Sus ojos fueron como llamas ardientes y sobre su cabeza llevaba muchas coronas.
El muchacho levantó la mirada de su cuaderno.
¿Cómo Mama, muchos coronas encima de su cabeza?
Con un suspiro ella se puso de pie, salió y volvió con su Biblia muy gastada.
“Mira”, y ella hojeaba, “es la verdad que dice Doña Blanca, porque está escrito por aquí, mira”.
Y ella le mostraba la frase al lado de cifras grandes 19.12 con la palabra APOCALIPSIS en la cabeza.
“Y encima de su cabeza llevaba muchas coronas y escribieron su nombre”.
Él miraba hacia su mama con sorpresa
“Pero Mama, su cabeza debe ser muy grande para llevar tantas coronas”.

“No debes preguntar tanto”, contesto irritada mama, “solamente escribir. Lo que dice la Biblia es la verdad. No es necesario de hacer preguntas. Escribes, no más”.
El contestó:”Si Mama”.
Ella continuaba:” Y él estaba vestido en una manta lleno de sangre y ellos lo llamaban la palabra de Dios”.

La cascada gruñía pero las mujeres no le escuchaban, estaban sumergidos en su cuento.
Ellos no necesitan la Biblia. Los dos conocen las frases por memoria.
Y cuando pasa mil años Satanás se libera de su cárcel y él sembrara mentiras por todo el país.
Mama afirmaba:” mil años de mentiras. Así es”.
Doña Blanca asentaba con la cabeza y continúo:
Pero ellos, que tienen miedo, que no creen, los rechazados, los asesinos, los cabrones,
las brujas, ellos que rezan a los dioses falsos y todos los mentirosos serán tirados en
un lago en llamas.
Mama reafirmaba:”ellos que no creen serán quemados”.
Cada día a las ocho la televisión les mostraba un mundo de mentiras, violencia, estafas, hombres muertos al lado de la carretera, altos ejecutivos y políticos corruptos frente de un juez.

Las mujeres miraban el cielo nublado. De repente el sol apareció y bañaba Mama y Doña Blanca en un choro de luz deslumbrante, forzándolas a cerrar los ojos. Cuando lo abrieron de nuevo el sol estaba apagado. Asombradas las dos aclamaban:” MARIA”
Se bajaban de la roca y se arrodillaban sobre el pasto entre las flores rojas y púrpuras.
Un mensaje”, digo Mama
Una confirmación”, contestaba Doña Blanca
El fin del Mundo”, susurraba Mama
A doce minutos antes las doce el 31 de Diciembre”, afirmaba Doña Blanca.
Mama le observaba con respecto porque Doña Blanca obviamente recibió más información que ella.

El muchacho miraba su Mama sin comprender,
¿El mundo se acaba de verdad, pregunto el?
Si
¿Y nosotros, los vecinos, el pueblo?
Nosotros también
¿Pero como Mama?
El mundo temblará y el fuego y el agua nos devorará.
¿Agua y fuego Mama? Como es eso?
Son sus palabras. Así pasara.
¿Doce minutos ante de la media noche?
A doce minutos ante de la medianoche. Maria lo digo a Doña Blanca.

Y mientras ella cuenta y él escribe su última pagina, un pájaro de color rojo intensa lo pasa de cerca, rozando su cara con sus alas. Un insecto gris con cara puntuada y dos ojos redondos bordado por dos antenas trepa encima de su cuaderno sobre piernas largas. Sobre su espalda carga su mujer más pequeña. Cuando llego encima de la página una burbuja de líquido transparente baja de su cola, transformando los últimos rayos de sol en una estrella.
Y él escribía con el ladro de los perros en la distancia, Él escribió en los últimos rayos del sol y mientras escriba pregunto:
¿En ningún parte dice que eso es para nosotros?
¿Tú nunca has hecho una mentira?
Pues sí, ¿pero todo eso por una mentira pequeña?
Mentira es mentira
¿Y nadie tiene una posibilidad para escapar?
Claro que si, El Papa, el obispo, los padres y la gente de buena fe que El ha escogido.
¿Nosotros, no somos buenos ¿
¿Nos vamos a la misa cada día, vivimos como dice la palabra de Dios?
¿Pero Mama, como podemos ir cada día al pueblo. Eso es imposible?
Ella se metió su mano encima de la Biblia.
Todo es escrito, aquí en este libro, Debemos aceptarla.

Juntos vivían los últimos días del año en terror. Como si vivían en un túnel negro hacia el fin de sus vidas. Ellos esperaban que la tierra se abriera, escupando fuego y agua ardiente, una violencia desconocido que iba a destrozar todo. Ellos esperaban el agua dentro lo cual ellos, gritando de miedo y dolor, morirán.
El 29 de Diciembre Mama se despertó con un tremendo dolor de cabeza. Este día y los días siguientes parecieron como si las palabras se volaron de la cabeza dejando únicamente unos sonidos extraños. Gritos que el no comprendió. Asustados decidían de buscar ayuda. Germinado de dolor Mama, inclinándose sobre el hombre de su bis nieto, trepaba sobre las rocas que formaban el sendero. Tambaleaban sobre el puente colgante y esperaban dos horas hasta el bus llego y les llevaban hasta el hospital donde ellos tenían que poner sus dedos en tinta negra para después empujarla sobre un papel y recibieron un sello azul encima de la mano para que ellos pudieran sentarse en un corredor pintada de azul clara. Se sentados encima sillas blancas de plástico abajo de afiches con mamas sonrientes y frases llamando al amor y tolerancia.
Después dos horas una señora vestida en blanca llevo Mama mientras a él lo sacaron sangre cómo pago de los servicios. Volvieron a al casa con una bolsa de papel con pepas verdes y un papel donde estaba escrito “Trombosis, descansar, nada de emociones, mucho entrenamiento para aprender a hablar y sobre todo tomar las píldoras. Si no, un ataque fatal es muy posible”.

El rancho con su banca al lado de la puerta es una isla de tranquilidad, acaricida por el canto de los pájaros, el susurro de las hojas de los arboles, el gorgotear del agua del arroyo abajo.
Los pocos sonidos de Mama fueron suficientes para poder seguir viviendo. Ellos cocinaban juntos la sopa, lavaban juntos la ropa y se sentaban juntos sobre la banca, observando las montañas azules al otro lado del valle y mantenían una conversación sin fin, sin palabras porque ya estaban escritos en los cuadernos, guardados encima de la cama.
Hay veces el bis nieto de catorce años ponía su brazo encima del hombro de su tatarabuela de sesenta y cuatro años. Caricia su pelo y susurra pequeñas palabras en su oreja.
Ma-ma, Bo-bo, mo-mo.
El sol rasante juega con las hojas grandes del banano, Merlas en vestidos de rayos grises comen la banana madura que Mama les puso. Ma-ma, ba-ba, bo-bo. Ya no hay razón para comprar un cuaderno nuevo.

doodkist te huur

DOODKIST TE HUUR


Triest grijze wolken hangen laag over de kale wijde heuvels. Op de begraafplaats hangen grote regendruppels aan de kruisen, heiligenbeelden en boomtakken. Ze verglijden langzaam zodat er nieuwe voor in de plaats kunnen komen.
De dorpsgek gehuld in een bruingrauwe poncho met op zijn hoofd een oude grijsblauwe vilten hoed zit gebogen op een grafzerk. Hij mompelt wat voor zich heen. Dan pakt hij een stokje van de grond, houdt het dichtbij zijn ogen, bekijkt het intensief en krabt met een vuile nagel aan de bast. Hij spuugt erop en grijnst breed. Dan vervaagt de grijns van zijn gezicht tot leegte. Het stokje valt op de grond. Zacht wiegt hij heen en weer en begint weer in zichzelf te mompelen.
Vlak bij hem, uit een groot en diep gat, komt met regelmaat een schep met brokken aarde naar boven.

Maria trekt het grote hek open. Haar buik is dik opgezwollen onder haar vormloze grauw bruine jurk. Moeizaam door de modder glibberend zoekt ze een weg door de grafzerken en natte struiken. Ze gaat naast de dorpsgek zitten. Uit haar jurk vist ze een stuk brood en geeft hem dat. Hij grist het uit haar hand en begint er als een aap aan te knauwen. Diep in zijn keel gromt en pruttelt het.
Maria is als het landschap waarin ze leeft. Een grote lege vlakte met een een weg die ze volgen moet. Soms gebeurt er iets. Dan stopt ze even, zoals bij het maken van het kind. Zonder liefde, passie of gevoel van geluk. Een man met wie ze op de grond gaat liggen en die haar de rok omhoog schuift. Die bij haar binnenkomt en dan weer vertrekt.
Nog hijgend zegt Maria tegen de schep en de brokken aarde:
`Hola, hoe gaat het ?`
Het scheppen gaat gestaag door. Uit het gat klinkt een onverstaanbare grauw.
Maria trekt zich daar niets van aan en praat door, voor zichzelf, de gek en tegen de vallende brokken aarde:
`Het zal nu niet lang meer duren denk ik,...Het kind wil eruit. Heb je geld voor de dokter ?`
De ontkennende grauw veegt de rust van Maria’s gezicht. Ze kijkt naar de kuil.
`Als ik niet naar de dokter kan sterft deze ook !...`
Uit de diepte klinkt de stem:
`Dat is misschien beter...`
Naast Maria knauwt de gek grommend aan zijn brood.
De regen houdt op. Grote wilde wolken jagen over de begraafplaats.
Ze heeft haar adem terug en nieuwsgierig vraagt ze:
`Voor wie is dat graf ?`
Uit het gat komt het vuile en bezwete hoofd van Chrisanto. Het blijft net boven de aarden wal steken.
`Voor Rodriguez. Ze waarschuwden me gisteravond. Het zal niet lang meer duren`
Het gezicht van Maria begint te stralen. Opgelucht brabbelt ze:
`Dat is goed nieuws. Misschien kan Señor Rodriguez me een voorschot geven.
Ze staat op en rent, glibberend door de modder de begraafplaats uit. Chrisanto roept haar achterna.
`Het zal je nooit lukken !`
In zichzelf mopperend verdwijnt hij weer in zijn gat
`Wat krijgen we nou? Vooruit betalen? Ongehoord!...`

Maria holt het dorpsplein op, langs de mooie oude kerk waar alleen nog maar de voorgevel van staat. Ze rent over het grote vierkante grasveld gevuld met modderplassen naar het enige stenen gebouw. De tweede verdieping is omringd door met een balkon.
Ze bonst op de deur. Niemand reageert. Ze bonst nog een keer. Van binnenuit klinken stappen. Een deur gaat open. Van boven klinkt een vrouwestem.
`wie is daar?`
Maria doet een stap naar achteren. Een oudere vrouw met een schort voor hangt over de balustrade.
`Zou ik Señor Rodriguez kunnen spreken ?`
`Dat is onmogelijk, hij is erg ziek`
Nerveus doet Maria een stapje naar voren om dichterbij de vrouw te zijn en om de noodzaak van het bezoek te laten voelen. Met het hoofd helemaal in haar nek roept ze:
`Daarom juist,... Mijn kind is gezond!... Ik voel het bewegen,...Ik bedoel,... zou Señor Rodriguez vooruit kunnen betalen?... Voor de dokter begrijpt U .
De vrouw kijkt vanuit de hoogte op Maria neer. Ze antwoordt niet., ze kijkt naar Maria die beneden wacht op een positief antwoord.
U weet toch,...al mijn kinderen zijn dood geboren, er was nooit geld voor een dokter... misschien, als Señor Rodriguez nu wil betalen,...hij is gezond, ik voel hem bewegen...
De vrouw blijft zwijgend kijken. Het is alsof ze iets niet begrijpt en niet goed weet wat ze met de woorden van Maria aan moet. Dan kortaf:
`Ik zal het vragen `
De deur klapt boven dicht, haar voetstappen verdwijnen in het gebouw.
Maria loopt naar een grote steen die naast de deur ligt, veegt hem schoon en gaat zitten wachten.
Haar kinderen zijn druppels die komen, verschuiven, om plaats te maken voor anderen. Nu is dit kind er, waarschijnlijk voor even. Een brokje tijd met zijn angst en pijn en voor Maria de drijfveer tot aktie.
De dorpsgek is op het plein gekomen. Hij scharrelt wat rond. Af en toe pakt hij een stokje van de grond, krabt eraan en laat het dan uit zijn handen vallen.
Hij staat tijdloos voor zich uit te staren. Ineens herkent hij Maria en loopt naar haar toe. Hij gaat naast haar staan. Hij is blij en begint een opgewonden gesprek. De klanken komen pruttelent, soms hoog en dan weer grommend, onverstaanbaar uit zijn keel. Maria is ook opgewekt en zij heeft háár gesprek.
...als hij dat nu geeft, dan kan ik vanmiddag nog op pad. Weet je nog de vorige keer? met vroedvrouw Veronica ? Die kon me ook niet helpen. Van binnen zat het, zei ze. ..”
De dorpsgek raapt een stokje op, krabt eraan, spuugt erop. Hij lacht breed en biedt het Maria aan. Hij is een en al concentratie. Maria kijkt hem aan maar is nog in haar eigen wereld.
...als hij nu betaalt, kun je je dat voorstellen, een kleintje in huis ...?
Ze lacht breed naar de gek die voor haar staat met de arm uitgestrekt met het stokje, het hoofd schuin in concentratie.

De wolken trekken grijze vlekken over de kale heuvels. Achter een lage lemen muur zweeft zachtgolvend de priester. Alleen zijn schouders en hoofd steken boven de muur uit. De lemen muur eindigt. De priester zit op een paard. Op zijn schoot draagt hij een klein zwart koffertje.
Hij rijdt het dorpsplein op en passeert de kerk. Achter de open deur grazen schapen in de ruïne. Maria zit op haar steen te wachten. De dorpsgek zoekt naar stokjes. De hoefslag vult de leegte van het plein. De grijns verdwijnt op het gezicht van de idioot. Hij komt dichter bij Maria staan. Hij is bang. Als de priester te dichtbij komt vlucht hij weg.
De priester stijgt af. Het gekraak van het leer en het gehijg van het paard over-stemmen de hoge angstkreetjes van de gek.
Maria probeert op te staan.
Pater,..goedendag...”
De priester loopt Maria voorbij. Hij klopt op de deur, zet zijn koffertje op de grond en maakt het open. Hij haalt er een stola uit en doet die om zijn hals. Terwijl hij bezig is vraagt hij Maria
en,..wat doe jij hier,...?`
Maria is nog steeds blij, nog steeds opgewonden met het vooruitzicht van een kleintje in huis.
`Mijn kind gaat geboren worden...Ik wil Señor Rodriguez vragen of hij vooruit wil betalen.... voor de kist, begrijpt U?. Dan kan ik naar de dokter.`
Half tegen de Pater, half tegen zichzelf
`Misschien mag ik dit keer het kind houden...`
`Dat God je mag horen,...na vier engeltjes voor de hemel zal Hij, in zijn oneindige goedheid, misschien één aan jou geven.`
Hij kijkt naar Maria
`Heb je dan niets gespaard?`
`Maar Pater, U weet toch wel, ik verdien alleen met de opbrengst van de verhuur van de kist. In dit dorp sterven alleen de kleine kinderen en de ouderen trekken weg. En niemand wil mij het volledige bedrag betalen als het voor een kind is`.
Half tegen zichzelf
`zo alleen in zo’n grote kist”
en weer tegen de Pater
`de meeste mensen willen ook niet dat ik de kist met een plankje van binnen kleiner maak, net midden in de kist zoals ik doe wanneer er een van mij sterft.`
De pater staat voorovergebogen, zoekend in zijn koffertje. Hij is een onwrikbare zwarte massa naast het levende gezicht van Maria. De dorpsgek gromt nijdig op een afstand.

De deur naast Maria gaat open. De vrouw verschijnt. Ze is duidelijk opgelucht als ze de Pater ziet.
`Oh Padre, ik ben zó blij dat U er bent. Komt U alstublieft binnen.
En tegen Maria
`Señor Rodriguez zegt - nee - . Dat had U toch wel kunnen weten`.
De pater wil naar binnen stappen maar Maria houdt hem tegen.
`Pater, pater, alstublieft,..help me. Ik MOET naar de dokter, begrijpt U het niet,... Ik MOET naar de dokter !.`
De Pater glimlacht en probeert zich van Maria los te schudden.
`M’n kind toch,... ja hoor, ik zal m`n best doen, ik zal het proberen.
De deur kreunt dicht.

De slaapkamer is verlicht door kaarsen, de gordijnen zijn gesloten.
Señor Rodriguez ligt in een ouderwets hemelbed. Een pot met kruiden staat walmend naast hem. In een hoek zijn de voeten van een heiligenbeeld versierd met gekleurd papier. De priester heeft zijn bijbel al open. Rodriguez opent langzaam zijn ogen.
Zalvend fluistert de Priester
`dat God bij U mag zijn”
Zwak antwoordt Señor Rodriguez
`dank U Pater”.
`Señor Rodriguez, buiten staat Maria. Zij is in nood. Zij heeft geld nodig voor de dokter. U kunt haar helpen...`
De stem van Rodriguez klinkt verbaasd
`helpen ?`
`U gaat straks haar kist huren. U zou haar vooruit kunnen betalen..`
Rodriguez kijkt de Prieter met onbegrip aan
`Maar ik heb toch nog niets ontvangen ?... Die kist, dat is toch voor als ik dood ben. Die is toch niet voor nu ?.. Ze krijgt haar geld toch,.. daar kan ze op rekenen.. Je gaat toch niet betalen voor iets wat er nog niet is ?.
De Priester probeert uit te leggen
`Als u uw offerande aan mij geeft, dan helpt U God, onze Vader. Maar het is ook voor later, voor uw eeuwig leven. Maria heeft uw hulp nú nodig mijn zoon. Als ze wacht zal haar kind dood geboren worden. Zoals al haar andere kinderen. U weet, zonder hulp van een echte dokter kan Maria geen kinderen krijgen. Ze heeft onze lieve Heer al vier engeltjes geschonken.
Het is alsof Rodriguez een nieuw woord moet leren dat vreemd op zijn tong ligt.
`..helpen,.. ? ik wil best ... helpen...” en tegen de vrouw:
`geef haar de helft zodat ze met de bus mee kan en de rest zoals het hoort`
Hij sluit zijn ogen. De pater begint te bidden. De ademhaling van Señor Rodriguez rochelt en stuttert. Op zijn gezicht ligt nog de vraag.

Señor Rodriques stierf rustig, zonder twijfels. Hij leefde gerechtvaardig, binnen de normen en waarden van de kale heuvels met de enige weg. Dat het enige beekje door zijn tuin liep was meegenomen. Dat de andere mensen daardoor ver buiten het dorp het water moesten halen is hem nooit opgevallen. Niemand heeft hem om water gevraagd of erover geklaagd. Niemand is ooit van de honger omgekomen, wel kleine kinderen door de gevolgen van slechte voeding, maar niemand heeft ooit gezegd dat verantwoordlijkheid daarvoor bij Señor Rodriguez lag.

Maria zit geduldig te wachten. De deur gaat open. Maria staat blij op.
De vrouw blijft in de deur. Ze kan het antwoord van Señor Rodriguez nog niet begrijpen.
`Hij heeft -ja- gezegd”
Maria straalt
`oh dank U,...dank U!”
Ze probeert de hand van de vrouw te grijpen. De vrouw trekt haar hand terug
`hij zal de helft nu betalen en de rest zoals het hoort. Dat is juist, vind U niet?`
Maria schrikt
`juist?..ja ja, dat is juist... maar de dokter? Hoe moet ik dat nu doen?`
Ze kijkt hulpeloos naar de vrouw
`Hij kan me toch niet half helpen, dat kan toch niet.
Ze laat haar hoofd hangen en mompelt
`Trouwens, dat geld,..het is net genoeg voor de bus.
De dorpsgek komt dichterbij, angstig kijkend naar de vrouw. Als hij de wanhoop in Maria’s gezicht leest gromt hij. De vrouw leest Maria de les.
`Señor Rodriguez is een rechtvaardig mens. Ik kan verder niets voor U doen.`
en dan wat vriendelijker:
`je kunt beter de kist nu halen. Straks komen de weeën en dan kan het niet meer. Dan moet je nog betalen om de kist op te laten halen.”

Aan de rand van het dorp staat een lemen hut met een rieten dak. Daar woont Maria. Haar enige meubels zijn het bed en een simpele houten stoel. De groene verf op de muren is oud, verschoten en op veel plaatsen gebladderd.
De grote, lege doodkist staat open op het bed. Het deksel leunt tegen de muur.
De kist is van binnen in tweeën verdeeld door een ruw houten plankje. Boven het bed hangt een grote foto van een man. De oude foto is verkleurd met grote gele vlekken. In grote onbeholpen letters staat er onder geschreven:
VAN OSWALDO VOOR MIJN VROUW”
Maria haalt het plankje uit de kist en veegt met een rode lap de kist van binnen schoon. Ze legt het deksel op de kist en slaat er een touw omheen.

De stilte op het lege plein wordt verbroken door gehijg, geknars en soppende voetstappen in de modder en het opgetogen geknor van de dorpsgek. Voorover hangend trekt Maria aan een touw dat vastzit aan een klein karretje waarop de doodskist ligt. Soms komt het karretje helemaal in de modder vast te zitten.. Maria duwt en trekt, probeert de kist op te tillen. Het is een marteling en niemand is er om haar te helpen. Opgewonden geeft de dorpsgek een duw tegen de kist.
De huishoudster van Señor Rodriguez staat door de spleet van de bijna gesloten voordeur en kijkt naar Maria die worstelt met haar doodkist. De huishoudster heeft bankbiljetten in de hand. Als Maria vlak bij het huis is komt de vrouw naar buiten.
`Hij is van binnen goed schoon` hijgt Maria is. `Als U mij toestemming geeft zal ik de buitenkant in de hal schoonmaken.”
De vrouw trekt de deur wijd open: “Natuurlijk”
Beide vrouwen tillen de kist op en proberen die door de deur te krijgen. Plotseling zakt Maria door haar knieën en grijpt naar haar buik.
`ai,..ai,.. het kind komt`
Radeloos kijkt Maria op naar de vrouw die aan de andere kant van de kist op haar neerkijkt. De vrouw steekt haar het geld toe.
`ga snel,..hier is je geld, ga snel!`
`Dat is te laat,ai..ai.. geeft het maar aan Crisanto. ,ai,..ai,..`
Als de pijn van de wee wat gezakt is rent ze naar huis. In de dorpsstraat. staan twee boeren bij een deur te praten. Onverschillig, tussen twee zinnen, merkt er een op:
`Kijk Maria gaat bevallen!` en gaat dan weer door met zijn verhaal.

Maria ligt op haar bed. Waterdruppels vallen op metaal. Duiven kirren op het dak.
Maria heeft geen lakens en haar enige deken ligt verfrommeld naast haar. De overtrek van de matras is in vrolijk bloemetjes motief. Het zweet staat op Maria’s voorhoofd. Opeens gilt ze het uit. Haar gezicht wordt een grimas van pijn. Ze trekt haar benen hoog op en grijpt haar enkels. Ze schudt haar hoofd wild heen en weer. Wild om de pijn en om kracht te zetten bij het persen. Over de bloemetjes van haar matras breidt een donkere vlek zich langzaam uit.
Buiten schreeuwt angstig de dorpsidioot. Hij staat voor de deur van het hutje van Maria. Met een zware stok in zijn handen zwaait hij dreigend tegen de hemel.

Señor Rodriguez ligt opgebaard in de kist van Maria. De deksel staat tegen de muur. De vrouw legt wat zilveren voorwerpen in de kist.
`zo dat is alles`
Chrisanto pakt de deksel en legt die op de kist. De vrouw blaast de kaarsen voor het heiligenbeeld uit en opent de gordijnen.
Voor het huis van Señor Rodriguez staan wat boeren. De kist wordt naar buiten gedragen.
Het is een kleine stoet die de kist volgt over het plein en langs de gevel van de kerk. De priester loopt voorop. Hij leest uit de bijbel. Een hoog kruis wordt meegedragen.
Flarden van de gesprekken:
... dat is dan het vijfde kind van Maria..
... de helft vooruit betalen,...ongehoord..
... een goed mens Señor Rodriguez ..
... een rechtvaardig mens Señor Rodriguez ..
... witte wurmen in de aardappelen...”
In het kerkhof loopt de begrafenisstoet naar het nieuwe graf. De aanwezigen gaan om de kuil staan. Het lichaam van Señor Rodriguez wordt uit de kist gehaald en in het graf gelegd. Vervolgens geeft de vrouw iedereen wat geld. De priester het eerst. Hij krijgt ook de zilveren voorwerpen uit de kist.
Chrisanto is de laatste.
`Hier is ook het geld van de kist. Wil je dat aan Maria geven? Daar vroeg ze om.`
Chrisanto gromt.

In de hoek van de kamer van Maria ligt een bundeltje in een bruine poncho gewikkeld. Het wordt verlicht door brandende kaarsen die erom heen staan. Erachter leunen plaatjes van heiligen tegen de muur.
Maria ligt op haar bed, het gezicht tegen de muur. Ze kreunt zachtjes.
De dorpsgek zit op de vloer tegen de deur. Hij huilt als een jankende hond.
De deur opent bruusk. De gek wordt opzij geschoven en kijkt angstig omhoog.
Groot en zwart staat Chrisanto in de deuropening, Hij heeft een witte kaars in zijn hand. De gek maakt plaats voor hem.Voor Chrisanto is hij niet bang.
`ik heb een kaars meegenomen voor,.. eh,..`
Hij loopt naar het bundeltje en zet zijn kaars tussen de andere.
`ik heb ook het geld van de kist bij me,..`
Maria fluistert
`nu er geld is,.. misschien kan je nu een klein kistje kopen,..`
`waarom?. je kunt .. eh .. toch in de grote kist doen .. zoals met de anderen gewoon met een plankje in het midden.`
`nu niet,.. nu er geld is. Het moet een wit kistje zijn, met gouden lijntjes`
`als je dat wil,.. `
Crisanto draait zich om en verdwijnt.

Crisanto en de Pater lopen langs de grafzerken. Chrisanto draagt een klein wit kistje versierd met gouden lijntjes op zijn schouder. De pater houdt zijn soutane met beide handen omhoog tegen de modder.
De pater vraagt:
`hoe lang is het ook weer geleden dat haar man stierf?`
`8 jaar`
`dit was jouw kind, is het niet?`
`ja Pater, maar het is beter zo. Hier is geen leven voor nieuwe mensen
De pater draait zich al lopend naar Chrissanto. Devoot zegt hij:
`weer een engeltje voor Onze Lieve Heer`.
In een hoek, vlak onder de lage lemen muur die om de begraafplaats ligt, is een kleine kuil gegraven. Chrisanto haalt het bundeltje uit het kistje. Hij legt het in de kuil en gooit dat vol met aarde. Terwijl hij de aarde met zijn laarzen vaststampt gromt Chrisanto:
`die Oswaldo, hij kon lezen en zelfs schrijven, en een doodskist om te verhuren.. slim hoor, zo heeft Maria altijd iets om van te leven.`
Hij pakt het kistje op:
`en nu heeft ze twee kisten om te verhuren`
Hij kijkt naar de pater:
`Ergens anders hebben mensen hun eigen kist. Die ze mee laten begraven bedoel ik. Waarom zou dat zijn? Daar is die kist toch niet voor ? Hij kan je toch nergens tegen beschermen, op de lange duur?
Hij tilt het kleine kistje op zijn schouder
`Bij ons is het beter vind ik`.
De pater heeft niet naar hem geluisterd, zijn zwarte gedaante verdwijnt door de poort.

Maria ligt nog op bed. Het raam staat open. Buiten schijnt de zon. Maria staart naar de foto van haar man, van Oswaldo en wat hij erop heeft geschreven:
VAN OSWALDO VOOR MIJN VROUW
Langzaam draait ze haar hoofd om. Nog steeds vallen druppels op metaal. De duiven kirren op het dak. Buiten voor het raam verschijnt de dorpsgek. Hij heeft een stokje in de hand. Hij krabt eraan, spuugt erop, gooit het dan driftig weg.
Hij loert naar binnen en grijnst. Maria kijkt naar boven. Aan de balken, tegen het dak hangt de grote kist van haar man aan een stevig touw. Onder de grote kist hangt een klein wit kistje met gouden lijntjes.
Buiten begint de gek te lachen. Hoge felle klanken die overgaan in sputteren om dan weer te veranderen in onverstaanbare kreten die soms in zijn keel blijven steken.
Hij is blij, ..

El acordeon

EL ACORDEÓN

“Estimado, hermano, cuando vengas a visitarnos ¿tú puedes traerme un acordeón, para mí, tu servidor, tu hermano Teódulo?”

Germán se apresura entre la multitud que pasa frente a la Catedral San Patricio en la Avenida Sexta en Nueva York.
-Es un día fabuloso, un día fabuloso.
Germán se volteó. Era la voz de un hombre que lo alcanzaba mientras, con una expresión de ira, murmura. “Es un día fabuloso, un día fabuloso.”
“Fuck you, -pensaba Germán- fuck you, ¿y de dónde saco yo un acordeón?”
Él ha preguntó en su trabajo dónde conseguirlo pero nadie lo supo, aunque un puertorriqueño le aconsejó buscarlo en la calle 50.
-Allí hay una escuela de música -le dijo- y dan conciertos.

Un muchacho flaco, con pelo color de oro, toca una flauta frente a una librería, más allá un negro golpea un tambor y, cerca de un almacén de juguetes, un chino hace malabares mientras un ejecutivo con pelo gris zigzaguea sobre unos patines a través de los peatones. Un olor a pretzels y a perros calientes le llenaba de agua la boca a Germán.
-¿Tú sabes dónde venden acordeones por aquí? -Le preguntó Germán a una niña bonita que cuidaba un caballo en la esquina del Hotel Victoria. Ella lo piensa un rato y niega con la cabeza. Luego le indica a lo largo del parque:
-Intenta por allá, tal vez puedas encontrarlo.

Un mes antes de cumplir sus 14 años, Germán escapó del paraíso de palmas, plátanos, frutas, café, maíz y caña, y de un infierno de desconfianza, falta de autoestima e iniciativas; sin agua ni energía. Él dejó a su mamá y a su papá con sus indisolubles problemas y sus catorce hermanos.

Cuatro años de vivir en Estados Unidos le enseñaron a Germán a tener confianza, autoestima, el arte de patinaje en el Parque Central y a pensar “fuck you, fuck you”, como muestra de que también él forma parte de la masa de blancos, negros, latinos y asiáticos que luchan como él. Pero siempre con sus raíces fundadas en el olor velado del cilantro, del jazmín, de las pequeñas flores del café, de la mierda de marrano y del sudor agrio de sus hermanos.

Germán comenzó ahorrar dinero para un pasaje de ida y vuelta y empezó comprar pendejadas de plástico para sus hermanas y hermanos hasta que llegó la carta de su hermano Teódulo. “Estimado, hermano, cuando vengas a visitarnos tú puedes traerme un acordeón, para mí, tu servidor, tu hermano Teódulo.”

Esta súplica descuadró su pequeño presupuesto y él comenzó a economizar en sus salidas, el trago, la compra de ropa, los pasajes de bus o metro hasta que llegó ser un duro en caminar y correr, y solamente fumaba cigarrillos prestados. Hasta “fuck it, fuck it”, fue a buscar un acordeón porque él creía en el sueño de Teódulo de también escapar del paraíso chimbo.

Dos meses después de haber cumplido sus dieciocho años, Germán se bajó un sábado del bus. Cargaba un pesado bolso nuevo y una maleta negra de cuero artificial con cerraduras de metal brillante.

Él encontró a Teódulo en el mercado, rodeado de mujeres agachadas en el barro con sus montoncitos de papás, zanahorias, cebollas, coliflor y toda clase de frutas. Los hermanos se dieron tímidamente la mano y Germán le entregó la maleta.
-Lo que pediste. -Le dijo, sin mostrar la emoción que bullía dentro de él.
y pensando: -Ya no fumo más, hermano, poco he salido y me perdí los últimos estrenos del cine, todo por este fuck it de acordeón; porque tú eres mi hermano y comparto tu sueño. Abre la maleta, saca esa vaina y toca, fuck it, toca-.
Teódulo recibió la maleta pero no lo abrió. Acarició con sus dedos la manija y las cerraduras porque esa maleta llevaba por dentro su vida, su sueño y su futuro, de eso no había duda porque él nunca había tenido un instrumento musical en sus manos.

En la casa, Germán repartió los regalos. Para mamá una falda y una blusa; para papá un radio despertador de baterías con tantos botones que lo empacó de nuevo y lo guardó cuidadosamente en su armario. Llevó para las niñas el mismo juego de maquillaje barato; y para los muchachos, pistolas de agua verde y amarilla. Y a todos les regaló una camiseta con las letras I LOVE NEW YORK.

Esa tarde Teódulo se paró frente a su cuarto y mientras desamarraba la cuerda de la puerta dijo: “Mañana vamos a tocar.” Puso la maleta encima de la cama para que no se ensuciara con el piso de tierra. Con mucho cuidado la abrió y sacó el acordeón. Lo puso encima de sus rodillas y empezó a acariciarle los botones, el fuelle, y otra vez los botones. Los presionó pero se quedaron mudos. Atravesó sus brazos por las correas, colocó el instrumento contra su pecho, puso sus dedos encima de los botones... y se quedó quieto.

Retiró sus brazos de las correas, colocó el instrumento de nuevo sobre el colchón y se acostó a su lado, con sus ojos cerca de los botones; se durmió y empezó a soñar. Soñó que tocaba el acordeón mientras su familia lo miraba con admiración. Con su música los fue contagiando hasta cuando todos se pudieron a golpear, raspar con cualquier cosa hasta cuando todos formaron una orquesta grandiosa.

Flaco y curtido, estaba acostado al lado de su acordeón, con sus zapatos todavía puestos y una sonrisa enorme en su cara. Ahora él podía comprar un poncho para su papá, uno bueno como los tienen los soldados. Él podría viajar con su mamá a la ciudad para visitar un médico, comprar el vestido de la primera comunión de Alicia y le sobraba dinero para financiar el estudio a sus hermanos y hermanas. Taparía los huecos del techo, ¿qué?, no... renovaría el techo completamente, ¿qué?, no… construiría una casa de ladrillos con ventanas y cortinas que colgaran hasta el piso. Y él tocaba y tocaba… De pronto se despertó porque sus manos le rascaban su barriga.

El domingo cada uno se puso la camiseta nueva; todos parecían un equipo de fútbol. Se arrojaron agua con las pistolas y la casita temblaba con la algarabía y las risas que se volvieron carcajadas cuando la niña más pequeña salió del cuarto arrastrando sus pies con los zapatos de Marlén con la cara untada de maquillaje y labial.

Bajo las miradas de los pequeños que estaban agachados en un círculo, Rodolfo y Teódulo ataron el pollo más gordo a una biga y le cortaron el cuello; arrastraron una olla para recoger el chorrito de sangre.

Después de la siesta, Teódulo sacó el acordeón de su cuarto y todos se ubicaron con gran expectativa frente de la casita, bajo las palmas, y sólo se escuchaba el susurro de la quebrada que venía desde abajo, en la tarde apacible de ese domingo.
Teódulo metió sus brazos a través las correas, alzó el acordeón contra su pecho, miró su familia, a su mamá, a su padre, a Germán y a todos los demás. Soltó el cinturón que recogía el fuelle, puso sus dedos encima de los teclados y empezó a jalaba el fuelle.
El río dejó de susurrar, las hojas no se movieron más y el colibrí quedó en suspenso frente de su flor y en medio de este silencio, el acordeón jadeó como un animal salvaje. Todos lo escucharon con asombro porque no se parecía en nada a la música de las decenas de casetes de música que Teódulo guardaba encima de una tabla al lado de su tocador y que remendaba con cauchos y cinta pegante.

Cuando el río recuperó su voz, el olor de la brisa bañó la casa, el colibrí continuó su búsqueda de néctar, los pequeños comenzaron a reír. La mamá observaba su hijo con mucho respeto; su hijo que estaba allí, sentado frente a todos y su padre no entendía lo que pasaba; Germán se levantó, se dirigió hacia la cocina y sacó tapas de ollas, pedazos de madera, tenedores y cucharas y dijo:
-Uno debe tener ritmo, es lógico- dijo cuando volvió.
Germán entregó a la madre la tapa de una olla y una cuchara de madera, a su papá dos cucharas metálicas, a Rodolfo dos palos, a Marina una caja de fósforos, hasta que todos tenían algo para golpear, raspar o agitar. Él dio el ritmo golpeando una taza con un tenedor. Rodolfo lo entendió de inmediato y luego, en corto tiempo, todos golpeaban o raspaban algo.
Teódulo los miró con asombro hasta cuando Rodolfo comenzó a cantar con una voz mal afinada: “Te voy a hacer una casa en el aire, solamente pa´ que vivas tú...”. Teódulo, ahora con más confianza, logró sacar unos tonos de su instrumento sobre el ritmo confuso de su familia. Todos cantaban esa vieja canción y hasta los sonidos del acordeón se hundieron en esa cacofonía. Se veían felices con sus caras rojas de tanto gritar y hasta el perro los acompañó con su llanto desde el borde de la terraza mientras el gato se escondió debajo de la cama.

La mañana siguiente, antes del amanecer, Teódulo despertó a Germán
-Hola, hermano... -susurró- me voy.
-¿Qué, cómo, dónde? -Germán trató de despertarse.
-Me voy a buscar al maestro GUTIERREZ, tú sabes.
-Pero es en la Costa, son varios días de viaje, ¿cómo vas a pagarlo?
-Trabajare mientras viajo. No hay problema. Tengo que aprender a tocar el acordeón. Tú entiendes, ¿no cierto? Toca así. Tú regresaras pronto a estados Unidos, entonces si no te veo más...
-Ay, hermano, cuídate mucho, sé prudente.
Un temor tocó a Germán porque él sabía lo peligroso será un viaje con un instrumento tan costoso.
-Cuidado, hermano, cuídate mucho - gritaba mientras Teódulo desaparecía en el hoyo negro dentro del muro verde del cafetal.

Hacía varios meses Germán regreso a Nueva York. Un policía llegó a la casa de la familia. Venía con la cara roja y sudada, con su cachucha en la mano. Solo estaban en la casa Jesús y la mama. Le dieron una taza de café y él se sentó en una butaca todavía jadeando de la trepada.
-Creo que traigo malas noticias, -Comenzó cuidadosamente. - ¿No es cierto que su hijo tiene un acordeón?
Mamá se sentó en la punta de su banquita.
-¿Cómo es la maleta? -Preguntó el oficial.
-Es una maleta negra, de cuera artificial con cerraduras metálicas brillantes-.
-Encontraron una maleta parecida, dentro un campo de caña cerca de Fonseca… un pueblito cerca la Costa. Dentro la maleta estaba escrito su nombre y el nombre de este pueblo. Parece que lo robaron. Fue muy imprudente viajando con semejante instrumento. Así uno se busca problemas. Bueno, vine a traerles la noticia.
Se levantó, puso la taza encima de la mesa y bajó por el caminito. Al avanzar, el color verde de su uniforme se fundía con las plantas...




EL AMOR DE MI PADRE

Un día Murciélago se enamoró. Se enamoró porque una chica lo aceptaba como era. Él era un murciélago grande, de barriga calva y con la espalda peluda con pelo denso de color gris oscuro. Tenía las orejeras finas y los ojos le brillaban. Pero lo que no tenía eran los dientes. Y esto había sido una carga pesada en su vida y una tristeza que le comía sus entrañas, también se le había tragado la autoestima. Porque, como todos sabemos, los dientes de un murciélago son signos de valor. La belleza y valentía se miden por los dientes. Deben ser puntudos, bien afilados y blancos pero él no tenía nada de eso. Cuando joven se accidentó y se le rompieron los dientes. Y ahora no puede reír ni hablar, sólo susurra con los labios cerrados y pone sus dedos frente de la boca cuando encuentra sus amigos. Era obvio que ninguna joven que se respetara se metería con él, qué vergüenza. Hasta cuando un día una murciélaga le miró a los ojos, vio su ternura y sus ganas de vivir, pero también percibió el mar de infelicidad. Y su ser se llenó de amor, ella no le miró la boca, ni siquiera le preguntó por qué la escondía, porque eso no le importaba, y fue ella quien le preguntó si él podía acompañarla. Y los dos volaron alrededor de la casa, a través los árboles y encima del campo. Hablaban en tono suave sobre la vida, las esperanzas y el futuro. Él le mostró dónde se conseguía la mejor comida, los rincones más bonitos de la casa y ella lo escuchaba, maravillada de sus palabras, de sus pensamientos y de sus sentimientos.
Un feliz día llegó el primer hijo. ¡Qué guapo! Tenía todo lo que debía tener, el pelo denso de color gris carmelita oscuro sobre su espalda, la barriga desnuda y suave como terciopelo. Las alas fuertes para volar grandes distancias y sí, sí tenía todos los dientes. Una boca llena de bellos, blancos, puntudos y tan afilados como para pinchar…
Papá y mamá se llenaron de felicidad. Con orgullo llevaron a su hijo donde los amigos que lo admiraban y, con orgullo, sintieron la envidia por su hijo tan perfecto.
En la casa mamá no dejaba de exclamar por los dientes del hijo. Y, poco a poco, el papá se sintió desplazado y comenzó a dar vueltas por la casa, pero solo porque ella estaba con su hijo.
Cuando el muchacho creció, el papá lo llevó a sus correrías. Le enseño de volar, a cazar y todas las cosas que pertenecen a la vida de los murciélagos. A veces mamá los acompañaba y los tres se apoderaban de los aires y la casa. Eran la imagen de una familia feliz.
Un día papá invitó al joven a un paseo. Mamá tenía dolor de la cabeza y se quedó en casa. Los dos volaron encima del perro, pasaron sobre los pájaros dormidos en los árboles, rozaron el agua de la quebrada, escucharon el búho que los saludó y el muchacho pensaba que no había nada mejor en el mundo que volar con su papá.
-Cuando uno es grande, uno debe ser fuerte, uno debe resistir a las penas de la vida. Uno debe conquistar el mundo, ¿entiendes?
-Sí, papá. -Contestaba el joven orgulloso de que su papá le hablaba, de que le daba consejos.
-Tú debes tomar la vida en tus manos, no dejarte influenciar de nadie. Ser consciente de que es tu vida, de que tú eres el dueño.
-Sí, papá.
-Eres tú quien debes decidir, y solamente tú. Eso sí es ser un murciélago de verdad.
-Sí, papá.
-En muchas situaciones te van a hablar para mostrarte el camino. No lo aceptes, si no es tu voluntad. Pueda ser que recibas señales para tal o tal acción. Reflexiona primero y solamente después TÚ decides.
-Sí, papá.
La noche era oscura, no se podía ver nada pero Papá volaba con seguridad y el joven al lado de él.
-Papá, siento algo frente a mí.
-¿Estas seguro, lo has pensado bien? -Contestó Papá.
-Pues no, papá, lo siento.
-Es ahora cuando puedes demostrar quién eres tú. Resiste los impulsos.
-Sí, papá.
Silencio.
-¡Papá!
-¿Sí?
-Papá, siento que algo está acercando rápido.
-Oh, sí, ¿y qué vas a hacer?
-No sé, papá, no quiero estar lejos de ti.
-¿Es tu decisión, hijo mío?
-Sí, papá, no quiero estar lejos de ti.
-Pues aguanta y muestra tu fuerza.
El joven se estrelló contra un poste y se rompió todos sus dientes.

Una vez en casa, mamá lloraba y lloraba y gritaba sobre la vergüenza de su familia en la cual ningún macho tenía dientes y qué iba pasar con ella. Papá lo observaba y soñaba y añoraba los días en los cuales los dientes no eran importantes, solamente las ganas de vivir y el amor. Pero este amor se había apagado en su mujer y lo dejado solo.
El hijo se miraba en el espejo y sonría con la boca bien a la vista con ese horrible hueco.
-Estoy tan feliz -exclamaba- ahora estoy tal como mi papá, un verdadero murciélago.