EL AMOR DE MI PADRE
Él era un murciélago grande, la barriga calva y con la espalda peluda con pelo denso de color gris oscuro. Tenía las orejas finas y los ojos que brillaban. Pero lo que no tenía, eran los dientes. Y este ha sido el peso de la vida. Su tristeza que come sus entrañas, lo tragó su autoestima. Porque, como todos sabemos, los dientes de un murciélago son los signos de valor. La belleza y la valentía se miden por los dientes. Deben ser puntudos, bien afilados y blancos y él no tenía nada de eso. Cuando joven se accidento, y le rompieron los dientes. Y ahora no puede reír ni hablar, susurra con los labios cerrados y se pone el brazo en frente a la boca cuando se encuentra con sus amigos. Es obvio, que ninguna mujer que se respeta se metería con él, ¡qué vergüenza!. Hasta un día en que una murciélaga le miró a los ojos, le vio su ternura, y sus ganas de vivir, pero también detectó el mar de infelicidad. Y su alma se llenó de amor y ella no le miró la boca, ni siquiera preguntó porqué la escondía porque eso no le importaba, y fue ella quien le preguntó si él pudiera acompañarla. Y los dos volaron alrededor de la casa. A través de los árboles y encima del campo. Hablaron en tomo suave sobre la vida, las esperanzas y el futuro. El mostró donde se conseguía la mejor comida, los rincones lo más de bonito de la casa, y ella lo escuchaba maravillada de sus palabras, sus pensamientos y sus sentimientos. Un feliz día llegó el primer hijo. Qué guapo! Tenía todo lo que tenía que tener, el pelo denso de color gris carmelito oscuro sobre su espalda, la barriga desnuda y suave como tercio pelo. Las alas fuertes para volar grandes distancias y sí sí tenía todos los dientes. Una boca lleno de belleza, blancos, puntudos y tan afilados como para pinchar … Papá y mamá se llenaron de felicidad. Con orgullo llevaron a su hijo donde los amigos que le admiraban y, con orgullo sintieron la envidia de su hijo tan perfecto. En la casa, mamá no dejó de exclamar sobre los dientes del hijo. Y poco a poco el papá se sintió desplazado y comenzó a dar vueltas por la casa, pero solo, porque ella estaba con su hijo. Cuando el muchacho creció el papa lo llevó a sus vueltas. Lo enseñó a volar, cazar, todas estas cosas que pertenecen a la vida de los murciélagos. A veces mama los acompañaba y los tres se apoderaron de los aires y la casa: la imagen de una familia feliz. Un día papá invitó al joven a un paseo. Mamá tenía dolor de cabeza y se quedó en la casa. Los dos volaron encima del perro, pasando por los pájaros dormidos en los árboles, rozando sobre el agua de la quebrada, escuchando al búho que les saludo y el muchacho pensaba que no había cosa mejor en el mundo que volar con su papa. “Cuando uno es grande, uno debe ser fuerte. Uno debe resistir a las penas de la vida. Uno debe conquistar, “¿entiendes?” “Si papa”, contestaba el joven orgulloso que su papa le hablaba, que le daba consejos. “Tu debes tomar la vida en tus manos. No dejarte influenciar de nadie. Ser consciente que es tú vida, que tú eres el dueño.” “Si papa” “Tú que debes decidir, y solamente tú. Eso si es ser un hombre” “sí papa” “En muchas situaciones te van a hablar para mostrarte el camino. No lo aceptes, si no es tu decisión. Puede ser que recibes señales para tal o tal acción. Reflexiona primero y solamente después TÚ decides” “Si papa” La noche era oscura, no se podía ver nada, pero Papa volaba con seguridad y el joven al lado de él. “Papá, siento algo en frente de mi” “¿estas seguro, lo has pensado bien?” contesto Papa. “pues no papa, lo siento.” “Es ahora como puedes demostrar quién eres tú. Resiste tus impulsos” “Si papa” Silencio “Papa” “sí?” “Papa, siento que algo se está acercando rápido” “¿Oh si, y que vas a hacer?” “No sé papa, no quiero estar lejos de ti” “¿Es tu decisión hijo mío?” “Si papa, no quiero estar lejos de ti” “pues aguanta y muestra tu fuerza” El joven se estrello contra un poste y se rompió todos sus dientes. Una vez en la casa, mamá lloraba y lloraba y gritaba sobre la vergüenza de su familia en la cual ningún macho tenía dientes y qué, o qué iba pasar con ella. Papá la observaba y soñaba con los días en los cuales los dientes no eran importantes, solamente las ganas de vivir y el amor. Pero este amor se había apagado en su mujer y lo había dejado solo. El hijo se miraba en el espejo y sonreía, la boca bien a la vista con este horrible hueco. “!estoy tan feliz!” exclamaba “!ahora estoy tal como mi papa, un verdadero hombre!”.
sábado, 4 de julio de 2009
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