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sábado, 4 de julio de 2009

Vargas Vargas Vargas Vargas

VARGAS, VARGAS, VARGAS, VARGAS


Conocí a Carlos en el monte cuando peleamos por la causa ,y cuando no entendimos más la causa nos escapamos y me puse a viajar y perdí a Carlos de vista.
Cuando Carlos anunció que se casaba con Maria Helena, sus padres se opusieron enérgicamente. Los amigos también le aconsejaron no casarse. Pero Carlos es muy terco y se caso en secreto.
Yo estaba sorprendido de recibir una postal invitándome para su matrimonio. Nunca me había hablado de novias, más bien de sus ideales de ser un gran líder para la liberación de la patria. También me extrañé que fuera la única persona que acompañaba a Carlos y Maria Helena en su matrimonio y con gusto acepté el compromiso de ser padrino cuando llegó el primer hijo, porque Carlos siempre me ha caído bien.
Solamente más tarde supe porqué los padres y los amigos estaban contra este matrimonio. No era porque Maria Helena fuera mala mujer, no, todo lo contrario. Es que los apellidos de Carlos son Vargas Vargas y lo de Maria Helena también Vargas Vargas.

Pronto el resultado del matrimonio no se dejó esperar y el primer hijo de la pareja fue una niña hermosa, pero discapacitada. Como Carlos quería un varón como heredero de su patrimonio, un galpón de gallinas, él y Maria Helena siguieron haciendo hijas, y todas llegaron discapacitadas.

Por mi trabajo y viajes debo confesar que nunca he visto mi ahijada. Sabía que era una niña por la postal que Carlos me mando.
Un día decidí visitar a Carlos y su familia. Sentí mi responsabilidad como padrino de su primera hija. El avión me llevó sobre Colombia y un taxi me trasladó del aeropuerto hacia el terminal de buses. Comenzamos al lado del mar sobre una carretera bien pavimentada, pero una vez entrando en la montañas, el asfalto término y quedamos basculando y comiendo polvo dentro un calor sofocante. El bus terminó su viaje en un pequeño pueblo de pocas casas. Después tenía que caminar unas horas, siguiendo un camino tortuoso en una densa vegetación tropical donde ninguna brisa refrescaba. Pase sobre una hamaca (puente colgando) tendida sobre un río espumoso y trepé un sendero vertical hasta que llegue exhausto a un rancho situado sobre una planicie con una vista hermosa sobre las montañas. Allí Carlos me recibió con los brazos abiertos y Maria Helena con una limonada natural y fresca.

Para Maria Helena, Carlos es su héroe y todo lo que él pudiera pedir, ella lo haría. No es que Carlos pido mucho, lo único que él quiere es un hijo para su galpón con pollos.
Maria Helena me regalo una sonrisa y dijo: “discúlpeme, tengo que ver a mis hijas” y ella desapareció. Un olor de gallinas y material fecal combinado con orina flotaba sobre la brisa contrastando con la vista sobre las montañas con sus árboles, el susurro de una quebrada cerca, las flores que abordaban el jardín y las orquídeas colgadas al techo.
“ven ven, cuando recuperes tu aliento te muestro mi galpón” y una alegría iluminaba la cara de Carlos como lo recuerdo cuando en el monte hablaba de sus ideales y el futuro de su país, una vez la lucha ganada y todo la población viviendo feliz.

Dimos la vuelta a la casa y atrás encerrados por una malla alta nos encontramos cara a cara con una multitud de pollos enormes de color marrón. Cuando ellos veían a Carlos llegaban corriendo, pisándose unos a los otros, gritando a todo volumen.
“¡No son bellos!, ¡y me quieren!, ¡no es fantástico!” Aclamó Carlos. "¿Tú sabes cuánto es su precio en el mercado, lo sabes? Aquí hay una fortuna, con esto se arreglan todos mis problemas." Me sentí sumergido en esta masa de animales gritando y empujando para estar más cerca a Carlos.
“¡Son muy bonitos, muy grandes, tú eres afortunado!” contesté.
“Si, así es, me costó trabajo, luchamos Maria Helena y yo, pero lo logramos”
“¿Cuando crees que vas al pueblo con ellos?
“No sé, es un poco difícil, tu entiendes, uno se encariña con ellos, pero creo que debe ser
pronto. Pero, camine te muestro la casa. La hicimos nosotros mismos, Maria Helena y yo”.
Me costó imaginarme Maria Helena mezclando cemento, levantando bloques, clavando puntillas y como si Carlos pudiera leer mis pensamientos dijo:
"Ella es fantástica, es capaz de todo, somos muy felices, es una mujer excepcional, he tenido
mucha suerte"
Atrás, pegado a la casa había otro galpón con paredes hasta la cintura. desde allí una malla hasa el techo de cinc con machas rojos de oxido. Más cerca se escuchaba gemidos y llantos y la voz suave y paciente de Maria Helena. Entramos y ví una hilera de ocho toldillos blancos cubriendo cama atrás cama dentro lo cual se distingue pequeños figuras, semi desnuda en varios estados de deformación.
Carlos me miraba con un pequeño sonrisa tímida aclamo: “mis hijas”.
Maria Helena saco su pelo de su cara, y con una sonrisa grande dijo:
“son adorables” y me miro en la cara como diciendo:
“no me muestras piedad, no me dices -que horror-. Son mis hijas, son nuestros, de Carlos y yo. Les queremos con todas nuestras almas."
Me acerque a la primera niña y le careció el pelo y le susurre, “hola cariño, estas bien?”
El olor de popo y orina me envuelvió como una niebla espeso y el sudor me brotaba por la espalda.
“son ocho” dijo Carlos, “todas niñas. Ahora estamos esperando un hijo“.
Maria Helena caminó entre las camas, acariciando las niñas.
”Este es Maria y este Consuela. Floralba es muy cariñosa y Helena, hay veces, necio, pero es que las quiero con todo mi alma. Angélica es muy frágil, se enferma mucha”.
En la cuna veo una sombra de una niña, flaquísima, ojos enormes que miraban y me llena con ganas de llorar sintiendo que la muerta está muy cerca. En la siguiente cama me espera una sonrisa con una felicidad que me dejaba sentir bienvenido.
“Es Elvia, siempre es así, es nuestra sol, no te parece?”
Apenas puedo asentir con la cabeza.
“Ana duerme mucho pero es bien sana”.
Unas piernas torcidas aparecen abajo de los pañales. En la próxima cama veo una cabeza enorme. Ella lo mece; izquierda a derecha, izquierda a derecha, sin parar.
“Y aquí esta nuestra gritona. Hola mi amor, ¿qué quieres ahora, solamente unas caricias, será todo?”
Maria Helena se inclina alzando la niña en sus brazos.
“Es la más grande, pesa mucho pero lástima que no puede caminar".

Carlos se ha quedado a la entrada. Atrás de él ve el galpón con sus gallinas que él no podrá vender con ganancia; por el camino, por la distancia y por la tristeza de verlos partir. Se escuchan sus gritos y el olor de gallina se mezcla con la orina de las niñas.

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